Cuentan las crónicas que, durante un asedio al castillo de Monsanto, el hambre y la falta de víveres hacían ya mella en el ánimo de los sitiados, quienes tan solo disponían ya de un montón de trigo y una vaca. Entonces, en mitad de esta situación tan poco halagüeña, alguien ideó una estratagema: dar de comer el trigo a la vaca y arrojarla posteriormente desde lo alto de la muralla. El animal, al caer desde las almenas reventó a causa del impacto, esprciéndose el grano por los alrededores. Los sitiadores, al ver que la vaca estaba bien alimentada y que los sitiados la tiraban sin ningún miramiento, creyeron que el alimento era más que abundante en el interior del Castillo, dándose por vencidos y levantando inmediatamente el asedio.
